Una anécdota:
Hace algunos años, una misionera en Italia ofreció una Biblia a un albañil. El artesano no quiso aceptarla; pero al fin, cediendo a los ruegos de la señora, la tomó; pero tan pronto como se fue la señora, el albañil quitó una piedra de la pared que estaba construyendo y metió la Biblia en un hueco, creyendo que había salido bien del apuro.
Muchos años después, un terremoto sacudió aquella ciudad, y muchas casas vecinas cayeron. Aquella pared quedaba en pie, pero amenazaba continuamente a los transeúntes.
Mandaron derribarla y uno de los peones notó un hueco, y creyendo haber descubierto un tesoro escondido, quitó la piedra y halló la Biblia escondida. Por sus enseñanzas llegó a creer en Jesucristo como su Salvador y toda su vida se enriqueció; nunca había tenido un tesoro igual.
Nada ocurre por casualidad. Dios sabe todo y hace las cosas bien.
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