
Esta mañana me he levantado a las 6:55 para irme a trabajar. Me he arreglado, y he bajado a la cocina para desayunar. Como de costumbre, suelo leer el Pan Diario antes de desayunar y a continuación pongo la radio mientras coy comiendo.
Estaba de pie poniendo los cereales cuando escucho en la radio: “Steve Jobs ha muerto esta madrugada a la edad de 56 años”. Me he quedado paralizado, de pie, pensando ¿He oído bien? efectivamente, mis oídos no me han traicionado y ha sido real. Por un momento un escalofrío me vino por el cuerpo sin poder creer que algún día yo escucharía esta noticia.
Cuando estaba guardando mi Macbook para irme a trabajar pensé que este diseño y esta idea había sido del que ahora está fallecido, que gracias a sus inventos puedo tener trabajo y gracias a Dios porque ha dado la capacidad al ser humano de inventar cosas extraordinarias.
Ahora bien, la pregunta que me hago es la siguiente: ¿Porqué he sentido tanta conmoción al escuchar que Jobs ha muerto, y no sentimos esa tristeza cuando leemos que Jesús también murió? Alguien puede decirnos que Cristo resucitó, y tiene toda la razón, pero ¿No sentimos la carga de la obra que hizo por nosotros? ¡Murió por mi!
Pensando mientras leía la Biblia llegué a la conclusión de que no sentimos esa carga porque no hemos conocido a Jesús, pero tampoco llega a ser escusa porque al aceptarle le hemos conocido por medio de la fe que nos ha dado.
En conclusión, creo que deberíamos estar más apegados a Dios, a Su palabra, y quitar las barreras que hace que nos enfriemos. Si, es cierto y da pena que Jobs haya muerto, pero más carga debo sentir pensando en que Jesús murió por mi lugar cuando yo debí estar en esa cruz.
Meditemos en nuestra comunión con Dios.
Un saludo ––Samuel Coloma