En Navidad, solemos hacer grandes cenas. Cenas especiales, “banquetes” según las posibilidades de cada uno. Hay pavo, jamón, un postre especial, comida que solo se prepara para esa fecha.
Colocamos la mesa de manera singular, con un centro de flores, o velas adornando la mesa. Colocamos las servilletas con unos pliegues diferentes, ponemos nuestra mejor vajilla, etc…

Pero nos olvidamos de lo más importante. ¿Dónde se sienta el Señor en nuestra mesa?. Preparar la mesa de esta manera esta muy bien, pero debemos recordar que el Señor en esta cena especial (y en todas de nuestra vida) se sienta con nosotros. ¿Cómo nos comportamos? ¿Le dejamos el mejor sitio en nuestra mesa?
El Señor Jesús es el centro de la Navidad, démosle el lugar que le corresponde. ¡ EL HIJO DEL REY !








La abuela mecía a su pequeña nieta, prometiéndole ser sus “ojos”. La recién nacida había quedado ciega como resultado de una receta médica equivocada. En el regazo de su abuelita, Fanny aprendió de memoria muchos libros de la Biblia. Le entregó su vida a Cristo a los 31 años. Después, con todo el conocimiento bíblico que tenía, escribió unos 9.000 himnos.













