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Música Bíblica

Pautas para la Música Bíblica

En los días de las ciudades estado griegas, Príamo era rey de Troya. Su hijo Paris juró casarse con la mujer más bella del mundo. Menelao, rey de Esparta, visitó a Troya e invitó a Paris, el joven príncipe, a visitarle. Durante su visita Paris conoció a Helena, reina de Esparta y esposa de Menelao. Encantado con su extraordinaria belleza, juró tenerla como mujer. Cuando Menelao dejó Esparta para asistir al funeral de su padre, Paris tomó por asalto el tesoro de Esparta y se escapó con Helena. Volvieron a Troya con todo el tesoro y recibieron una tumultuosa bienvenida. Hasta el rey Príamo, padre de Paris, juró que nunca entregaría a Helena. Menelao llegó rápidamente a casa desde Creta para encontrar su tesoro saqueado y su esposa secuestrada. Ordenó a su hermano Agamenón a que reuniera una fuerza de asalto para atacar a Troya y recobrar su tesoro y a su esposa. Ulises, el poderoso rey de Itaca, se juntó con la expedición. La leyenda dice que mil barcos zarparon contra Troya.

Después de ocho años de asaltos continuos Troya no se rendía. Ulises concibió un plan para ganar acceso a esta poderosa ciudad amurallada.

Ordenó a sus mejores carpinteros que construyeran un enorme y caballo de madera, hueco en su interior. Dieciocho voluntarios se escondieron adentro. El caballo se construyó a propósito bastante grande a fin de que algunas piedras del muro tuvieran que quitarse para poder pasarlo por las puertas de Troya. Cuando el caballo estaba listo y los soldados adentro, la fuerza espartana bajo el liderazgo de Ulises fingió retirarse dejando el caballo como una ofrenda de paz. Los troyanos, contentos de que los asaltos llegaran a su fin, gozosamente llevaron el caballo dentro de su fortaleza. Dedicaron este caballo a su diosa Atenea. Engalanaron el caballo con flores y le extendieron alrededor una alfombra de rosas. Toda la noche bailaron y bebieron hasta quedar exhaustos. De madrugada los soldados sigilosamente salieron del caballo y pasando entre los troyanos dormidos, abrieron las puertas de la ciudad y permitieron que el ejército vengativo entrara en esta ciudad impenetrable.

Y así cayó Troya, no ante un ejército de asalto sino por una aparente distracción inofensiva. El caballo troyano no destruyó a Troya, pero abrió las puertas a los que sí lo hicieron.

La música les parece a muchos jóvenes como una distracción inofensiva. No la reconocen como un asunto de peso moral. Comparada con otras tentaciones que los jóvenes enfrentan hoy, la droga, alcohol, sexo, y el copiarse, la música no tiene mucha importancia. Sin embargo, en las vidas de los jóvenes, particularmente, entre los jóvenes cristianos, la música a menudo es el Caballo de Troya que abre la puerta al ejército del enemigo.

Un libro titulado El enemigo no reconocido de la iglesia contiene 44 testimonios de jóvenes creyentes que admitieron que la música rock, aun el “rock cristiano” había contribuido grandemente a su rebelión, inmoralidad y del declive en su andar con Dios. Vez tras vez el escenario que describieron era la música cristiana contemporánea (mayormente el rock), luego el rock popular, luego la rebelión interior y finalmente los pecados exteriores de la carne. Es significativo que cada uno puso esta música como la influencia que les abrió la puerta al enemigo.

En la Palabra de Dios, El nos ha dado un estándar infalible con que medir las cosas que permitimos en nuestras vidas, aun las cosas aparentemente inofensivas. Se encuentra en Filipenses 4:8. La música que reúne estos requisitos sería apropiada para cualquier persona: justa, pura, amable, de buen nombre, virtuosa y digna de alabanza.

JUSTO es aquello que demuestra un equilibrio correcto: un equilibrio entre tensión y relajación; entre alegre y serio; entre fuerte y suave; y entre rápido y lento. Justo también implica una letra que pinta un cuadro verdadero de la vida como debe verse por el creyente. Un creyente piadoso debería regocijarse al ver con ojos claros el bello mundo que Dios ha hecho, pero no querría mirar con ojos de miope a través de una nube de humo de una discoteca para descubrir cómo los impíos viven y piensan. Incluso esto se prohíbe en Efesios 5:12: “porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto”.

La realidad no es la vida como la pintan en muchas canciones de amor seculares–la verdadera realidad es la vida vista desde la perspectiva de Dios.

PURO es aquello que no es adulterado por la sensualidad. Puro es aquello que levanta el alma y el espíritu. La sensualidad es aquello que nos lleva abajo hacia el pecado y la ruindad. 1 Pedro 1:14, 15 advierte: “como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir”. Escuchar música que provoca las memorias malsanas, o que excita el cuerpo a deseos lujuriosos o que agita las emociones hacia aquello que no es santo es de verdad necio, si nuestra meta es la pureza.

AMABLE tiene que ver con forma y orden en el sentido de que es digno de ser contemplado y deseado. Dios es un Dios de belleza y orden, de forma y equilibrio. La música buena, sana, no se pasa. Cuando se destruyen la forma y el orden, el resultado en el mejor de los casos es una caricatura y en el peor de los casos, una perversión. La buena música, como un buen cristiano, sigue las normas y no es anárquico por naturaleza.

DE BUEN NOMBRE significa que goza de una buena reputación. La música que se origina de fuentes perversas inmediatamente debe ser sospechosa. La música que es producida, promovida y disfrutada por los enemigos de Dios, y que representa los estilos de vida sensuales y perversos de hombres pecaminosos ciertamente no debe gozarse de buen nombre entre el pueblo de Dios.

VIRTUOSO es aquello que es intrínsecamente bueno. Es aquello que en y de sí mismo, aparte de sus asociaciones, ayuda y es puro. “Virtuoso” nunca es cuestionable sino que siempre se encuentra en el terreno elevado. Si un cristiano sincero dejara de escuchar todo lo que no es virtuoso, sus problemas con la música cuestionable rápidamente desaparecerían.

DIGNO DE ALABANZA debe entenderse como refiriéndose a aquello que da alabanza a Dios o a aquello que puede ser alabado por Dios. Cuando el centro de atención se pone en aquello que agrada al hombre, se abre la puerta a excesos ilimitados. La pregunta no debe ser: “¿Es popular con el hombre inconverso?” sino “¿Es aceptable al Dios santo?” Dios no desea negar a sus hijos cualquier cosa que fuera buena para ellos; sólo les restringe en lo que les haría daño.

–Autor desconocido


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